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Memorias Encadenadas

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Memoriasencadenadas

31 de octubre de 2009

Bebedor de Sombras

¡Comenten!
Bebedor de Sombras


Es tu sombra interminable

un veneno conocido,

un licor extraordinario

que resbala entre mis dedos.


En un vaso yo la tengo,

siempre fría, siempre horrenda

y la agito con premura,

se me escapa ante los ojos.


La aprisiono con mi boca,

la retengo, me enveneno.

Es suicidio, esa, tu sombra,

caes en rocas afiladas.


Es tu esencia, toda tú,

un camino hacia el infierno,

un infierno arrepentido…

la resaca de tu amor.


Me la bebo toda entera,

te asimilo, ya eres mía;

ahora tomo tu lugar;

en rocas muero, igual que tú.


*Para Pau
porque estaba ahí cuando lo publiqué
y la necesité
=D

25 de octubre de 2009

199 Noches de Muerta

Si el ritmo se pierde es sólo por el Whisky... ¡Comenten!



199
Noches de Muerta



Abro los ojos.

¿Cuál es la diferencia si sólo hay oscuridad?

Mis pasos, uno a uno, se van hundiendo en negro suero.

Codeándome con mis dolores,

frente a un nuevo mundo de completa y obligada soledad.


Áspero.

Qué áspero es el beso nocturno que Noviembre engalana,

qué negras son las rosas que ornan tu ataúd,

y cuántos son los plomos, por mi mano repartidos,

cada uno gritándome su necesidad, pidiéndome matar,

haciéndome sólo recordar.


Unos últimos respiros que meses durarán…

Tal vez años, tal vez otras nueve vidas.


Otras ciento noventa y nueve noches en insomnio,

Otros veintisiete años de desconfirmación de una realidad vivida.

Otros veintiún casquillos repartidos en el asfalto.

Y una última sonrisa, una última palabra… sólo para ti.

Sólo para ti lo que queda, pero este whisky es todo mío.


¡Oh! templadas ventanas de la choza en desolación

¿por qué soy yo quien mira la nada a través de su inconciencia

sin tener momento alguno de armonía con mi cielo,

habiendo olvidado que el único motivo por el que sigo encerrado

en esta caja oscura, desdichada y maloliente, es transportarme

lejos a otro mundo en sueños donde otros muchos dirán

que ésta, mi vida, es sólo fantasía?


Y que retumbe hasta la última noche de amores tardíos

que lleva al amante perdido en susurros maniacos

a convertirse en verdugo de odio y dolor,

suicida feliz en su último instante,

si llega el espejo, aún taciturno, narrando una historia feliz

de consuelo y concordia, a decirme a mí, que soy don doliente,

que ya se acabaron mis días de miseria, que ya se acabaron

mis días de esta rabia, que ya se acabaron insultos, reproches

y hasta un tierno cielo que siempre sonríe a través de mis ojos,

cuando estos se cierran para despedir a minutos faltantes

para cumplir… mis últimos ciento noventa y ocho días.


Y dame otro cigarrillo,

que se ha puesto ebrio ya el tabernero,

que Lucy empezó a bailar prematura,

que me urge llegar a mi hogar placentero.


Ya serán nueve, ya serán diez,

serán nuevas noches que gaste en placer.

¡Tú sigue lamiendo, perra del infierno!

¡Para eso te pago imbecil bastardo!

Ya serán once y ya serán otras,

serán ciento noventa y siete premuras andantes,

ciento noventa y seis cafés quemados,

ciento noventa y cinco sábanas pegajosas,

ciento noventa y pico mujeres ardientes.

Pero yo seré, soy, fui. Siempre uno.


Uno sólo, contra ciento noventa y nueve litros de malta.

Bajarán por mi garganta sin alto ni espacio,

dejando desnudo mi ensueño perdido,

dejando cansado al efebo sin rima.


Ya basta de iguales, de siempre los mismos y últimos Lares. Harto estoy de ver tu rostro pálido, hablándome loco, ciego, tartamudo ¡no dices nada, carajo!, te voy a enseñar lo que es una tunda que, es obvio, tu padre jamás te dio.

¡Tú déjame imbecil, que sí te pagué!, tus copas te hacen contar de más, y yo juro y perjuro que sólo tomé quinientos vasitos de whisky del noventa y tres.

¿Qué quiere señora, si su hijo así quiso?, si él me insistió e insitió y yo dije que no, si él le siguió y yo lo alejé, si luego embriagué y él me convenció ¿Qué quiere señora si él me obligó?, le dije que no y que no y él me llevó y no pude resistir. ¿A mí qué me importa que tenga sólo doce?, yo nunca aposté que era mayor.

¡Usted déjeme baboso, que nada tiene que ver! ¿A quién le importa que usted sea la autoridad? A su mujer y sus hijos los mato a patadas, pero usted no es muy hombre para pelear frente a frente.


Y puños, y loco, y gritos, y sangre, y balazo, y me toman, y grito, y ventana, y me caigo…


Eterna caída.

Un alto repentino.

Yo juro haber sido la víctima.

¿Cómo es que nadie puede ver

las ciento noventa y nueve noches sobre mí?


Pero es suficiente,

ha llegado el momento.

Ésta es mi renuncia

y qué importa un buen final.

Ya harto me encuentro,

ya hasta enfermo estoy

de miles de broncas,

consuelos ilícitos,

pendejos niñuelos,

putas, putas, putas

y sus encabronados maridos.


¿Por qué nadie vio que yo siempre estuve queriendo tu amor?

¿Por qué me desangro tan lento y sin ti?

¿Por qué no sonríes, chicuela, mi amor?

¿Por qué se me acaban los versos sentidos?

¿Por qué no mejor que se acaben las noches?,

que una por una, se vayan muriendo

y me dejen aquí para disfrutarte

tan muerta y tan linda como te has puesto

después de sólo ciento noventa y nueve días

de estar bajo tierra.


Te ofrezco mi sangre, Elena querida.

Bébela toda del grifo que un revolver me ha hecho.

Toda es tuya, toda mi vida.

¿Ya qué importa si no puedo dormir

si después de esto por siempre dormiré?

¿Ya qué importa que tu hayas muerto

si en este momento te alcanzo necrófilo?

¿Ya qué importa si es negra la noche,

cuando esta noche la paso contigo?



---------------------------------------
Éste va por Svaejat
-¡Salud!-
porque ya ni sé si me sigue leyendo.
¿todavía me lees preciosa?

6 de octubre de 2009

A la orilla del cielo

Corto y equis... pero es algo... comenten.

A la orilla del cielo

Blanco.

–¿Aquí se acaba? ¿Es esto todo? –se preguntó el hombre de traje y maletín al vislumbrar a la orilla de la limpia e infinita tabla blanca en la que había caminado eternamente– no puede acabar aquí… es decir, no puede acabar. Debe ser infinito.

Se acercó a la orilla hasta asomar la cabeza hacia el vacío y debajo sólo vio blanco. Luego miró hacia atrás y vio su largo recorrido que se perdía por siempre en el espacio y el tiempo. Vio de nuevo el abismo, vacío hasta de oscuridad, y temió comenzar otro recorrido eterno: el de caer.

Era una orilla tremenda, larga como un hilo infinito de horizontes y blanco como sólo un paraíso limpio y perfecto puede ser. Toda una existencia comenzaba a desmoronarse ante esa línea que dividía el siempre conocido lugar y hogar del hombre y un vacío desconocido.

–No puede ser –soltó de pronto– siempre he estado caminando con el único propósito de encontrar que este cielo es infinito, pero no lo es… justo aquí se está acabando.

Que impotencia tan grande invadió el cielo entero en ese momento. Su voz se adelgazó y en su mente sus palabras comenzaron a titubear. Una línea que jamás debía encontrar le estaba limitando el infinito. Sintió nauseas, confusión, su vista se nubló. El gran espacio que el hombre siempre (o nunca) había conocido pareció reducirse tremendamente a una línea divisoria entre un sí y un no. Ahora tenía un cielo y un no cielo en el que podía caer indefinidamente.

–Si mi cielo no es infinito… Significa… ¿significa que tampoco yo lo soy?

Un desgarrador frío se apoderó de su alma y el maletín donde la llevaba. Sintió tristeza por primera vez. Sintió duda por primera vez. Sintió por primera vez. Y tal fue el sentimiento que una lágrima escapó de su ojo y comenzó a flotar hacia el vacío, pero no se sumergió en el no cielo, sino que cayó rápidamente hacia arriba. El hombre siguió su lágrima con la mirada y pudo vislumbrar, a lo lejos, el mundo.

Se inclinó sobre la orilla y se dejó caer hacia el mundo igual que la gota, pero su maletín, con su alma y su salvación cayó hacia abajo, hacia lo desconocido.

En la limpia e infinita orilla de la tabla del cielo sólo quedó el recuerdo taciturno del hombre, que cayó a la tierra sin saber dónde había dejado su alma y que estaría destinado por siempre a buscarla. Al final la orilla del cielo se desdibujó y bloqueó el paso entre el mundo de los vivos y el mundo de las almas.

24 de septiembre de 2009

Astro de mi bizarría

Este texto es... mi forma de concebir aquel sentimiento. Tomen bizarría con el doble sentido que tiene: valentía/pecho y extrañeza/"raridad". Hace mucho que no escribía, critiquen, aporten, construyan... o al menos lean. Recuerden reflexionar sobre la trascendencia de algo que en nuestra sociedad ha tomado mucha importancia y que puede, como tal, formar y reformar vidas enteras y que es, al mismo tiempo, creador "omipotente" y destructor masivo de un todo del que se conforma el ser humano. ¡Comenten!

astro de mi bizarría


Tiendo a perderme. Voy simplemente por ahí caminando o pensando o siendo simplemente y entonces termino en donde no debería terminar. Incluso me pierdo cuando estoy explicando lo que tiendo a hacer, porque es una de mis habilidades… tender a hacer cosas, o explicarlas… o perderme… Y me pierdo muy fácil, es decir a veces estoy aquí y luego estoy allá dando ejemplos o divagando en mis divagaciones y perdiéndome y perdiéndome más hasta perderme incluso mientras me pierdo, hasta perderme de perderme y entonces dejar de perderme para encontrarme. Y es frustrante y placentero, pero a veces no me ayuda… o mejor dicho nunca me ayuda.

Y es así de fácil como cuando estoy pensando en ti, porque no puedo dejar de pensar en ti, y entonces empiezo a diversificar mis pensamientos y a verte en una vertiente u otra a meterme en una y a regresar a caminar entre os edificios de mi mente y encontrarme solo en las calles en donde solíamos caminar juntos, con mi paraguas, bajando y subiendo de la banqueta, entre los charcos y viendo las gotas de lluvia caer, con una gabardina y a bufanda que me reglaste para probarme que sabías tejer, y ahora se vuelve tan claro que siempre has estado junto a mí, porque por más que lo intento, siempre estás aquí, en mi bufanda, en cada una de las millones y trillones gotas que se suicidan de las nubes al mismo tiempo, en la bufanda, en una bonetería de la que platiqué mientras viajaba contigo en un auto rojo (o quizá no fue contigo), en cada charco que refleja mi rostro igual que lo hace el espejo de la casa 704, porque a la 704 solíamos ir para las navidades y entonces ¿recuerdas? Solíamos subir a la habitación de Angélica para mirarnos en el espejo, porque era muy bonito ese espejo, y siempre estabas tú a mi izquierda en el espejo y fuera de él, tan tú, tan completa y tan real, y ahora es el espejo algo más apagado, como si estuviera roto o como si el cuarto estuviera oscuro y no me reflejara realmente, pero sé que soy yo pero no estoy completo porque no estás tú, no estás ni en el espejo, ni en las gotas, ni en los trenes a los que suelo subir por la madrugada cuando voy al trabajo y pienso en ti, porque siempre pienso en ti, pero no pudo pensar bien en ti porque algo me falta para pensar en ti, me faltas tú para hacer todo y es como si siempre hubieras estado conmigo pero ahora ya no y entonces mi vida sigue siendo mía pero la mitad es tuya y, aunque yo la vivo, se la pasa contigo y no me deja ser yo sin ti porque tú eres parte de mí ¿o yo de ti?

¿Cuándo? Es decir, no me di cuenta cuándo te fuiste realmente. Tal vez fui yo la que se fue, tal vez caminamos en distintas direcciones hasta cruzar el mundo y encontrarnos y entonces descubrimos que era mejor no caminar, o caminar paralelamente o tal vez al caminar y no caminar traspasamos las paredes de la realidad y tú o yo acabamos en otro lugar, en otro mundo, un mundo de calles oscuras y aire chicloso, de habitaciones consecuentemente vacías y tinacos sucesivos que crean infinitas series que no podemos ver al igual que cuando miramos con un espejo enfrente y otro detrás. Y tal vez es que sí estás sentado aquí a un lado de mí en el restaurante último de la calle última de la ciudad última por la última razón que nos pudo decir la última persona que nos encontró juntos… pero no hubo nadie nunca: ni personas, ni razones, ni ciudades, ni calles, ni restaurantes y aún así te siento aquí sentado a mi lado con tu cuerpo caliente seduciéndome con bellos poemas entre café y cigarrillo, entre tus besos y mis caricias entre la cama y la sábana, entre la mañana en que te fuiste y la ventana que miré cuando noté que en realidad estoy sola y lo que siento como tu cuerpo y tu voz es sólo el frío vacío que me carcome por dentro y me sigue narrando una historia que no es mía, sino tuya, donde yo no soy la protagónica, eres tú en tus calles, en tus regalos detallistas, en tus palabras sin sentido, en tus olvidados ojos cafés que me miraban como nadie nunca vio el más hermoso cielo.

Siempre solías hablar menos. Que si decías que el café era bueno o si tu computadora se tardaba demasiado en prender, pero siempre el tema era mío y yo era el que acariciaba tus senos mientras tú esperabas sentada en el último cajón de nuestros recuerdos en el que entrábamos y salíamos para resolver nuestros problemas teniendo las evidencias claras de que el amor… no, no el amor, ¡nuestro amor! lo podía todo. Y en ese todo simplemente nos fuimos yendo y yendo hasta despertar en diferente cama, en diferente cuarto, en diferente casa u hotel, en diferente ciudad, en diferente país, continente, mundo, en diferente mente y diferente cuerpo, en diferente divagación en la que nos perdíamos por siempre mientras tendemos a luchar contra ese todo contra el que, sabemos, no podremos seguir luchando ni un día más. Y fue así como me vi sola al espejo y cepillé mi cabello en el baño, pero estabas tú en la tina así tan sola como cuando te bañabas y leías tus novelas con tus velas y tu incienso y yo me sentaba como un macho en la sala a leer mi periódico, o cuando terminabas de leer la sección de deportes y te desnudabas frente a mí y te metías conmigo a la bañera para que hiciéramos el amor todo el día, toda la noche, toda la semana, al menos hasta que, como ahora encontraras que ya ni siquiera piensas en mí, que estoy solo y tú ya has desaparecido de mi vida, o yo de la tuya, pero que aún te necesito para estar cuerda y que no puedo estar sintiendo en este mundo sin que me expliques aquella canción en el café Rojo del centro, que no puedo vivir sin que me toques con tu arma femenino, sin que tu ronca voz de locutor de radio me llamaba y me incitaba a amarte más, sin que por única vez aceptaras azúcar para tu café porque siempre me preguntabas y nunca dije que sí, pero en esa ocasión sí quisiste y entonces por fin te robé el primer beso que fue también el último y el único que jamás te di.

Y hasta el último momento en el que me dijiste que sí, que no, que tenías que quedarte por siempre conmigo pero que te fuiste sin llorar el llanto que necesitaba llorarte, pude ver que lo evidente era nada sin tu presencia, que te quería más de lo que jamás había vivido y que necesitaba de que coexistiéramos juntos en la misma realidad y que no importaba si uno de los dos había caminado tan lejos para no estar con el otro o que si uno de los dos había obligado al otro a irse lejos, que si desaparecí o tú a mí, si te destruí o me creaste, que si nos conocíamos o sólo nos besamos por accidente en el camión y no nos volvimos a ver, de todos modos estábamos juntos, y tan juntos que no podíamos dejar de estarlo, nuestras mismísimas esencias se habían conjuntado para ser una y aunque uno ya no estaba ahí porque es un impedimento no pertenecer al mismo plano, aunque uno no pertenece y el otro siempre está en soledad, aún así habíamos vivido todo juntos y yo te había idolatrado desde siempre porque eres tan bella, tan tierna, tan linda y que no importa si me drogaste, me metiste a la cajuela y luego me disparaste en un estacionamiento o en un lago. Porque realmente siempre estuvimos separados por sólo un mundo o dos, jamás nos vimos y jamás nos tocamos, pero esos besos, esas palabras, las experiencias y las noches de desvelo, pasión y placer nadie nunca nos las podrá quitar, ni si te maté ni si no te maté ni si existimos en el mismo lugar o no, porque aquellos trenes, aquellos juegos y aquellos días nunca fueron parte de algo que no pasó, siempre fueron nuestros y siempre, siempre serán por nosotros y para nosotros. Ya no importa si quería irme con otra porque me gustaba más y tú te enojaste porque te sentías poco hombre para retenerme, no importa si mi sangre quedó sobre tus senos y tu flada amarilla después de que me apuñalaste, que no importa si te dejé en un baldío y llamé a la policía para reportar a un hombre muerto, no importa si nunca nadie me encontró y ahora camino y divago y me pierdo solo en un mundo que nunca conocí en el que las calles no son calles y yo no soy yo, que no importa si siempre me arrepentiré por haberte asesinado. Aún así me disculpo, por una simple razón:

Te amo.


24 de agosto de 2009

Silla De Ruedas

Premio al que descubra el porqué del título entre paréntesis. Ocio. =D Y hoy sí tengo los links de las imágenes originales:
http://lestatandreu.deviantart.com/art/En-la-lista-de-espera-58899603 por
Sergio Andreu y http://melezartworks.deviantart.com/art/All-You-Leave-Behind-50423631
Sólo en caso de que les interesara...
Adiós.


Silla De Ruedas
(Uniuno)


Era como si el oxígeno estuviera invadido de un gas productor de aburrición con unas cuantas moléculas de suicidio y un ingrediente activo de somnolencia.

Y así, envenenado por partículas que quizá eran sólo producto de mi imaginación, seguía empujando la silla de ruedas a velocidad constante pasando por puertas y puertas, intermitentes y azules, sin saber si la numeración en ellas avanzaba o se quedaba estática como repitiendo el mismo ciclo, como atrapado en el mismo tramo inexistente donde el único sonido que percibía eran los clicks que hacían las baldosas sueltas cuando las ruedas pasaban por encima.

No podía acertar si era el paciente el que estaba aletargado en profundo sueño o si era yo el que dormía en la silla. Quizá era él quien babeaba copiosamente llenándose la ropa de residuos de píldoras de catatonia concentrada o quizá era yo el paciente que era empujado inevitablemente en la incómoda silla de ruedas, completamente drogado y sin posibilidades de huir del martirio.

¿Cuánto pasillo quedaba? Tal vez unos nueve metros… cuando me percaté de lo cerca que estábamos del final del pasillo, donde un ventanal amenazaba con mover las instalaciones rápidamente para acercarnos vertiginosamente a él y obligarnos a cruzarlo para caer hacia la inexistencia de esa mismísima posibilidad.

Siete metros y comenzamos a acelerar involuntariamente como si la realidad ya hubiera decidido que debíamos cruzar el cristal y caer a no-sé-dónde. ¿Era acaso que el ventanal nos estaba jalando hacia él o por qué no podíamos detenernos?

La extraña fuerza nos seguía manipulando para que siguiera empujando fuertemente la silla de ruedas o para que me empujaran mí mientras seguía inmóvil sentado en la incómoda silla.

Cuatro metros y salió un enfermero de una de las miles de puertas que seguían pasando a nuestros costados. Lo miré a los ojos al tiempo que se acercaba para cruzar la línea invisible que divide lo que está frente a uno o detrás, en sus ojos café-miel vi un par de lágrimas que se escondían detrás de los círculos coloridos. Su cabello se veía desarreglado, tenía ojeras y su vómito tenía una bata de mancha. Traté de gritarle y le grité pidiendo que nos detuviera ¡Ayúdame! Pero no nos escuchó. Posiblemente porque era sordo o no articulé ningún sonido real. Acaso estaba todo en mi imaginación. O seguramente ese enfermero era parte de la estructura normal del edificio… como un pilar o una pared pero con la capacidad de movimiento y el aspecto de un ser vivo, de carne y hueso, un elemento más del edificio que contenía el ventanal que conspiraba contra nuestra salud/existencia/posibilidad de entender la realidad… O… era un enfermero común que tenía cabello desarreglado, ojeras, una bata de mancha en su vómito y un par de lágrimas escondiéndose tras sus aros café-miel.

Pero a los dos metros algo cambió insólitamente y logramos detenernos. Fue casi como si una magia extraña ayudara a que el edificio comenzara a avanzar en la misma dirección y a la misma velocidad que nosotros haciendo que las ruedas de la silla y sus/mis zapatos resbalaran en el suelo aparentando un no-movimiento implícito como el que se obtiene al detenerse realmente. Aunque también pudo haber sido que esa magia no fue nada más que simple voluntad que nos ayudó a detenernos.

Un leve rechinido de la silla y ya no nos movíamos.

Pero, así tan fácil como nos detuvimos, me dieron ganas de regresar. Así que dimos la vuelta para seguir viendo pasar infinitas puertas en un pasillo que no sabíamos si existía.

¿Cuándo acabó todo? Cuando empecé a divagar en si era yo el que empujaba la silla o yo el que estaba sentado. Noté que fui ambos durante el trayecto en el que nos acercamos al ventanal, y entonces necesité de un cambio que diera equilibrio a la situación al igual que el regreso equilibra a la ida. Y decidí que ya no era nadie, por lo que ya no hubo nadie empujando la silla y ya no hubo nadie sentado en ella. Y entonces recordé que yo sólo era una silla de ruedas que no puede hacer nada de lo que imaginé.



12 de agosto de 2009

Lágrima Desesperada

Sujeta a cambios y correcciones. Corta. Sin comentarios... al menos hasta que alguien ponga uno. Soundtrack: One Last Goodbye - Anathema.




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Lágrima Desesperada



Después del sueño abrí mis ojos… y que triste me sentí.


Desconcertado me incorporo y arranco sábanas desconocidas. La luz de la ventana acuchilla la cama y hace aparecer pequeñas partículas de polvo que flotan agitándose por mi respiración. Me levanto y camino por la duela hasta alcanzar la puerta y salir de la habitación vacía que luego desaparece.

Sonido de una regadera y un tarareo con voz muy dulce. Un pasillo, cuatro puertas y escaleras. Bajo entre telarañas que tejen confusión y felicidad.

Qué retratos tan hermosos, madre e hija con la misma mirada profundísima. Miro a mi alrededor: comedor a mi izquierda y sala a mi derecha. Una botella de vino tinto y un par de copas sobre el piano.

Seguí. Todo parecía tan conocido, todo parecía tan inusual. ¿Era yo quién estaba allí o era ese lugar el que estaba en mí?

La cocina. Aroma a café recién hecho y pan tostado. En el refrigerador hay un imán que cita “Te amo mami” con notitas musicales alrededor. Me hace sonreír.

Tomo una taza, la lleno de café y me siento en un banco de la barra. Conozco este lugar, he vivido aquí por mucho tiempo… y aún parece tan irreal. Estoy tan tranquilo y no sé porqué.

Tomo un sorbo y regreso. Abro la puerta principal y respiro el rocío. Un conocido que nunca he visto pasa en bicicleta y me saluda, yo le regreso el saludo. Recojo el periódico por inercia y vuelvo a entrar. Mi cuerpo sabe qué hace y mi mente también, pero aún siento que es un sueño y que no es mi vida la que estoy viviendo.

Vuelvo a la cocina y hojeo el periódico. Nada inusual ni alarmante. Miro el reloj en la pared: las siete. Dejo mi café y mi periódico.

La textura de la situación en mi interior me obliga a subir las escaleras como ya otras tantas miles de veces que no han sucedido. Al llegar arriba me acerco a una puerta en especial, una que tiene un lindo letrero de colores con la palabra “Música” en letra cursiva, también tiene notitas alrededor.

Giro la perilla tratando de no hacer ruido y entro no abriendo mucho la puerta para que no rechine. Camino con pies ligeros sobre la alfombra y me acerco a la cama donde una hermosa criaturita está durmiendo.

Me siento a su lado y la miro detenidamente. El cabello dorado y rizado, la carita suave y delicada, la expresión con una sonrisa casi imperceptible, su rostro emanando ternura. Apacible y sereno me siento.

Llevo mi mano a su mejilla y la acaricio. Lentamente esos resplandores se abren y me miran fijamente. Bosteza y se talla los ojos con sus manitas, luego vuelve a mirarme y sonríe.

–¿Ya es hora de ir a la escuela papi? –Su voz es seda con la que no me atrevería a vestir. Me mira con tal ternura que me hace un nudo en la garganta mientras sonrío.

–Sí –Acierto a decir con miedo a arruinarla con mi voz.

–Bueno

Entonces la irrealidad me lleva una vez más. Me levanto para salir con dolor por dejar ese paraíso. Salgo al pasillo y veo el espejo fijamente al tiempo que todo se empieza a oscurecer.

Encuentro a dos personas iguales a mí reflejadas en el cristal: un joven que ha vivido lo que no he vivido yo y, junto a él, un ente cuyo destino no es este, un hombre gris que parece desvanecerse dolorosamente tras su verdadera realidad.

El joven sigue su camino y continúa viviendo en el sueño y nos deja al otro y a mí abandonados. Él dentro y yo frente al espejo que se queda fijo mientras mi alrededor se desvanece en un abismo giratorio que me regresa a la realidad.

En su ojo derecho puedo ver la experiencia desbordándose, pero en el izquierdo hay una lágrima desesperada tratando de escapar y alcanzar el destino que no viví.


Te extraño

9 de agosto de 2009

Y Tú ¿Quién Quieres Ser?

Sinceramente no es mucho de mi agrado... Hacía mucho tiempo que no escribía algo tan... ¿random? Inspirado en Noby Noby Boy... si alguna vez tienen oportunidad de jugarlo, no lo duden, es un juego... que no tiene el más mínimo sentido y es del diablo. Como no los hago perder duerante el texto, pierdan ahora.

Y Tú ¿Quién Quieres Ser?



¿Cómo demonios llegué aquí?

Ventanas… un radio… un asiento cómodo… un volante… ah, es un auto.

Y ¿Cómo demonios llegué a un auto?

Los seguros están puestos… quizá alguien me secuestró…

No… si me hubieran secuestrado estaría atado o en la cajuela… ¿Entonces por qué estoy aquí?


Es fácil mirar alrededor, y él lo hizo. Vio las ventanas y el exterior, estaba en un estacionamiento junto a un parque, olía a tierra mojada y había niños jugando cerca. Tragó saliva sin poder recordar cómo había llegado allí.


¿Y ahora por qué estoy hurgando en el auto? Ni siquiera es mío… ¿o sí lo es? No sería educado hurgar en un auto que no es mío… No sería nada educado estar en un auto que no es mío. Imagina si llegara el dueño y me encuentra aquí. No, mejor me bajo.

Pero… ¿debería?


Acercó su mano a la puerta para abrirla, pero se detuvo un momento antes. Pensó en cómo sería si saliera del auto. ¿Qué haría después? Ni siquiera sabía su nombre, ni dónde vivía… Además… realmente no quería salir del auto. El asiento era cómodo, no hacía calor, y podría explicarle todo al dueño si llegara.


Pero… ¿Cómo olvidé quién soy?


Sintió un nerviosismo que nublaba su pensamiento y rápido todo oscureció. La luna se posó en el cielo y las personas se esfumaron en un segundo… Se asustó y recordó que tenía unos cigarrillos en la guantera.


Relájate… el cigarrillo te calmará…

¿Cómo supe que había cigarrillos en la cajuelita?

No lo sé, Contestó el cigarro que estaba entre sus dedos índice y medio.

Espera… ¿hablaste?

No… Comenzó a decir en tono sarcástico, Seguramente quien habló fue el coche… ¡claro que fui yo!

Pero eres un cigarrillo… y los objetos no hablan

Pues… yo estoy hablando…

No… no puedes estar hablando… debo estar enloqueciendo.

Ah, por supuesto, Afirmó sarcástico el tabaco, Entonces estas completamente loco y sólo estás imaginando todo lo que sucede ¿no?


¡ALTO!

¿Qué pasa?

No sé cuál es mi nombre.

¿Y?

Eso me despersonaliza…

El cigarro tampoco tiene nombre ¿por qué te molesta no tener nombre?

Porque el cigarro es un objeto, yo soy un humano.

Está bien ¿qué nombre quieres?

Pues no sé… no tengo recuerdos así que tampoco tengo muchos gustos de dónde escoger…

Entonces no deberías exigir algo que no puedes sugerir

¿Puedo yo también tener un nombre?

¡Pero tú eres un cigarro!

Discúlpame, bípedo vertebrado, pero también soy un personaje…

¡Esperen, esperen! Tú te llamarás… Uno y tú te llamarás dos.

¡No! ¿Uno?

¿Qué clase de nombres son esos? Exijo algo bueno.

Entonces elijan ustedes. Mi trabajo es sólo narrar, no nombrar.

¡Yo seré Bob!

¿Bob? Ese no es un nombre para un cigarro…

No puedes saberlo, perdiste la memoria ¿recuerdas?

No…

Así que seré Bob.

Muy bien. El cigarro es Bob y ¿tú quién quieres ser?

Jane

¿Jane? Ese es nombre de mujer…

Tú no puedes saberlo, eres un cigarro ¿recuerdas?

Bien. Volvamos al cuento. Jane y Bob conversan.


Pues puede ser que me haya vuelto loco.

Claro que no Dijo el cigarro Los locos no hablan con cigarros

¿No?

No, los locos no hablan.

Ah… claro. Es que se me olvidó.

No te preocupes Jane, yo te puedo explicar todo sobre este mundo.

Gracias Bob.

De nada.

¿Gustas un cigarro Bob?

No fumo, gracias…

¿Yo fumo?

Depende.

¿De qué?

Si pensabas fumarme a mí, entonces no fumas Afirmó Bob.


Jane sintió entonces unas enormes ganas de encender la esquina blanca de Bob y fumárselo todo, luego escapar del auto y arrancar la luna del cielo, pero con ese pensamiento amaneció.


Voy a fumarte.

No lo hagas Ordenó Bob.

¿Por qué no?

Porque si me fumas no podrás saber cósas.

¿Cosas?

No, no cosas. Cósas.

¿Qué cósas?

Uhm… Por ejemplo Dudó el cigarrillo… El porqué de que amanezca y anochezca según tus pensamientos…

¿Eso es una cósa que me puedes enseñar?

¿En serio?

¿Por qué sucede?

Es sencillo… pero no te lo puedo decir.

¿Por qué no?

Porque si te lo dijera sucederían dos cosas.

¿Dos cósas?

No, no dos cósas. Dos cosas.

¿Qué cosas?

La primera es que te estaría diciendo el final de tu historia aquí en el coche Afirmó Bob sonriendo con su no-rostro Y la segunda sería que no tendrías motivo para dejarme vivir un poco más de tiempo.


Jane pensó que eso no tenía sentido. Quizá estaba completamente cuerdo, pero aún así podía ver que el mantener el cigarro con vida no tenía punto de llegada, pues la razón para mantenerlo vivo era que le dijera la razón para mantenerlo vivo, y si eso no sucedería entonces era momento para fumar.


¡No! ¡Jane! ¡no lo hagas! ah… fantástico… ahora tengo como siete minutos de vida Comentó Bob furioso y humeando.

Lo siento Bob, pero tengo que hacerlo.

¿Por qué? Creí que éramos amigos.

No somos amigos… además tengo ganas de fumarte.

¿Y no podías fumarte a otro de los de la cajetilla?

No… quería fumarte a ti, no a ellos. Además me caes bien.

Como quieras… no hablaré contigo… tendré una muerte silenciosa y solitaria.

Muy bien


& encendió la radio.


*/…ción en el punte central lleva ya largas horas, y mientras que los escuadrones de policía luchan arduamente por apagar a las vacas, parece que estas se resistieran a ser víctimas de la corrupción que los…/ /…uma uma yeah uma uma yeah, si tu tuvieras un…/ /…é así como descubrí que mi orientación vocacional se daría hacia la cría adecuada de cigarrillos para su venta y distribución correcta en los…/ /…(Instrumental)…/ /…on el doctor Alfredo don Jilmones. Díganos doctor ¿qué lo ha inspirado para descubrir tan impresionantes… pues… descubrimientos… Díganos… ¿Qué lo ha llevado a hacer tan arduos trabajos en sus investigaciones? +Bueno sí, pues, es que el que yo… bueno, usted entenderá que el… porque bueno, cuando… este… pues, verá… yo y mi… cuando decidimos que… esté ¿sí me doy a entender? +Pero eso es impresionante doctor, por favor cuéntenos más de su innovadora forma de…/ /…y no olviden acudir en el siguiente amanecer al parque donde verán un automóvil azul donde un hombre inexistente sostiene la historia de un encierro…/ /…el asesinato de la lógica y la razón, nos ha llevado a encontrar a los presuntos secuestradores de la conciencia correctora y, aunque no se tiene pista alguna de dónde puede…/*


No hay nada bueno…

¿Podrías ponerlo en la noticia del incendio de las vacas? Quisiera escuchar lo que…


En ese momento Jane rompió el cristal de su ventana


¡WO! calma amigo… no hay razón para la exaltación ¿por qué rompiste a Adam?

¿Adam?

Sí Obvió Bob Si yo tengo nombre, también Adam merece nombre… o lo merecía

Perdón Adam… necesitaba aire.

Asesino

¿Qué dijiste?

¡ASESINO!

¿Por qué me llamas asesino Bob?

¿Qué no ves que me estás matando? Dijo Bob con tono dramático.

Pero yo…

Y pobre Adam… el no tenía la culpa de tu claustrofobia.

¿Claustofobia?

Y qué será después… seguramente las vacas de las noticias.

¿De qué estás hablando?

Shhh… ¿Escuchaste eso?

No ¿qué?

¡Eso!


Jane escuchó con más atención y pudo percibir el letargo continuo en el que la textura de su realidad se encontraba. Un aroma a cama destendida llegó serpenteando desde el asiento del copiloto hasta sus fosas nasales.

De pronto recordó lo sucedido la noche anterior.

Había caminado entre mundos de destierro, cansancio y olvido. Para cuando logró parar, había llegado a una tierra muy lejos de su tierra, donde nada era igual; se había cansado tanto que había dormido durante años; y había olvidado todo lo que era, lo que tenía y lo que lo hacía estar vivo.


¡Bob!

¿Qué quieres? Preguntó Bob desdeñoso ya muy cercano a la muerte.

¡Es que yo también estoy muerto!

¿Qué?

Me equivoqué de rumbo en mi mente, asesinando todas mis maneras de regresar.

Entonces eres un asesino, no un muerto… no como yo…

Es que… realmente… no es que esté muerto, sino que… no existo.


Entonces Jane empujó lentamente la puerta del coche mientras ignoraba los gritos de Bob. Puso un pie en el sueño y se paró con mucho orgullo.


Lo siguiente que pasó, no podría describirlo.

Jane no desapareció. Nunca estuvo allí ni existió. Jamás desapareció tampoco.


/…el caso de un automóvil azul con un cigarrillo completamente consumido, una ventana rota y nadie dentro, ni siquiera un hombre que no existía.


Dedicado a Necro.
Feliz cumpleaños lol

21 de julio de 2009

Efigie Postevanescente

¿Nuevo estilo? Juzguen ustedes... Recomiendo doble lectura para mejor asimilación del texto... ¡Comenten!


Efigie Postevanescente





Como extraño esos labios que nunca besé. Cuanto arrepentimiento por nunca haberlos besado.

Y dime tú, Miranda amarilla, con tu paraguas de colores y tus guerras de fin de semana ¿cuáles son tus arrepentimientos? Dime por qué te alejas tan cariñosa entre las espigas, con tu suéter a rayas y tus labios pintados de azul.

Tú no temes a la falda corta en un día de verano donde el cielo es verde y las nubes no muestran su gallardía, y sin embargo no hace calor.

Con tus ojos miras y al pasar respiras el color y aroma de las flores flojas que sólo anhelan quedarse quietas en su lugar sin que nadie las moleste, y las arrancas, las avientas y las destrozas y te acuestas sobre los pétalos y sonríes para una foto que tal vez yo esté tomando o tal vez no esté tomando.

Ah Miranda amarilla ¿de qué color serán mañana tus cabellos con la incesante lluvia de sangre que en tu mente impera? ¿Y quién te vestirá para salir a caminar tomados de la mano hasta llegar al parque y besarte en la mejilla para ver tus chapitas rosaditas mientras escondes esa mirada de tiernas luces que ilumina los deseos de mi corazón desvanecido?

Porque tienes maquillaje, y te encelas cuando muestro que yo no he crecido y sigo jugando con mi cochecito. Miranda amarilla, yo siempre quise que me invitaras a jugar contigo. Pero nunca se ha hecho realidad que me lleves hasta el lago, que me lleves hasta el parque, que me lleves a la esquina. Porque tienes tu cabello y te molestas cuando te digo no me eches tierra en el trajecito porque es nuevo y mi mami no quiere que lo ensucie. Miranda… Miranda amarilla, ojos de aceituna, voz robada de las musas.

Ay amor de amores tempranos, que por siempre amaneció en mi ventana con sus rizos y sus ojos, sus chapitas rosaditas y su sonrisa sonrosada. Ay amor de amores tardíos que hoy atardece en este campo mientras ella se aleja sin su paraguas de colores, con su suéter a rayas y sus labios pintados de azul. No te alejes Miranda mía, no te alejes mi amarilla, entre las espigas te extrañaré y siempre te esperaré.

Y no estuviste aquel día junto al árbol, me dejaste sólo por estar allá solita en tu jardín, tú jugando y yo llorando, y me senté en el columpio y me mecí y me mecí hasta sentir cómo me desvanecí. Y luego lloré, lloré y lloré más porque despacio entendí que desvanecido jamás podría tocar tus chapitas y besar tus labios pintados de azul, jamás podría agarrar tu paraguas de colores y oler tu suéter a rayas, ni podría tomarte de la mano y llevarte al lago, al parque, a la esquina.

Ya no me digas que sí me querías, ahora que ya no estoy, mejor dime tú, Miranda amarilla ¿por qué tus labios nunca fueron tan míos?

Ay vida, mi amor Miranda, Miranda amarilla. Cuan mal me sentí cuando lloraste en mi funeral, cuan arrepentido cuando quise volver y encontré que no hay más vida para el desvanecido.

Miranda amarilla, ya nunca podré volver para que me expliques porqué en este día tan solitario… ¿Por qué Miranda amarilla? ¿Por qué cuando te pregunté sobre tus arrepentimientos, tu voz cesó de ser el canto de las musas? ¿Por qué tus ojos has cerrado y has dejado tu paraguas en el campo y ahora te alejas tan cariñosa entre las espigas, con tu suéter a rayas y tus labios pintados de azul?



Texto regalado (y dedicado) a: Soiral.
Buen viaje.

17 de julio de 2009

Barreras Dormitando [IV. Desesperanza]

Al fin la parte 4...
Música: Veneno Para Las Hadas - Steven Wilson (Es decir, seleccionen/ponganle play a esa)
Comenten...
Adiós.


Barreras Dormitando



Barreras Dormitando:
[I. Sesión]
[II. Pensamientos]
[III. Defensa]
[VI. Desesperanza]


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[VI. Desesperanza]

28 Febrero


–Debo escapar de aquí –susurró Flink mientras se asomaba a un callejón para cerciorarse de que no había nadie.

Corrió lo más silencioso que pudo entre basura y escombros de edificio. Luego se paró en la esquina y volvió a asomarse.

–Mierda –exclamó al ver a una criatura voladora cubierta con un manto negro. Regresó corriendo y se escondió tras una pared caída–. Malditas sábanas voladoras…

Guardó silencio e incluso dejó de respirar cuando pensó que estarían pasando cerca. Había mucho silencio en la ciudad, era como si la guerra hubiera acabado y la ciudad hubiera sido conquistada.

Corrió una vez más hasta la esquina después de unos minutos y se asomó, pero no encontró rastro alguno de las sábanas. Entonces se aventuró y cruzó los seis carriles de la avenida y dejó salir un gran suspiro cuando llegó al otro lado sin ser visto. Buscó rápidamente un lugar dónde esconderse entrando a uno de los edificios por un boquete en la pared. Industrias Salm leyó en la placa que mostraba un escritorio frontal que fingía ser una recepción. Los vidrios de las puertas estaban rotos y había mucha tierra dentro. Abrió la puerta más lejana de la entrada principal y entró.

–No puedo creerlo… ¡cigarrillos! –dijo al recoger una cajetilla de Marlboro casi llena, del suelo– si sólo tuviera encendedor… o un fósforo.

Siguió caminando pero guardó la cajetilla en su bolsillo. Estaba en un gran salon dividido en cubículos, cada uno con un escritorio pequeño y una computadora. Se miró en el reflejo de una pantalla vieja y vio su rostro sucio, su camisa rota y su cabello muy despeinado. No le importó y siguió caminando hasta encontrar, en una esquina, un garrafón con agua y muebles con vasos, cafeteras vacías y otras cosas. Tomó un vaso y se sirvió agua, luego de acabársela se sirvió más, así hasta darse cuenta del paquete de cerillos que estaban en el mueble, entonces soltó el vaso y tomó los cerillos.

–Ah… cómo lo extrañaba… –dijo tras encender el tabaco. Luego notó un refrigerador pequeño un poco más lejos y caminó hacia allá. Lo abrió y encontró fideos deshidratados, carne fría y coca-cola.

–Día once después del ataque a ciudad unión. –Comenzó a decir con una grabadora de bolsillo junto a la boca que se llenaba de sopa remojada en agua fría– encontré un refrigerador con comida dentro del edificio Salm, no es mucha, pero me servirá para sobrevivir al menos dos días más. Creo que si logro encontrar algun lugar con un refrigerador grande o algo así, podré instalar mi nueva residencia allí. En el día cero creí que moriría. En el día uno supe que podría sobrevivir si me quedaba dentro de mi casa, pero ayer se me acabó la comida y tuve que salir. Ahora sé que puedo sobrevivir si encuentro comida y agua. Cambiando de tema… la ciudad parece estar desierta… me pregunto si habrá sobrevivientes. Seguramente esas cosas voladoras están buscándonos para matarnos… pero no me encontrarán a mí, porque lograré escapar en… algún helicóptero o yo que sé… me idearé alguna manera. Por ahora he encontrado comida y agua. Me quedo aquí. Debo registrar el edificio en busca de otros sobrevivientes… o enemigos tal vez…

Dejó vacío el molde de plástico que contenía la sopa y tomó un poco más de agua para luego buscar las escaleras.

Subió un piso y no encontró nada importante, sólo macetas con arbolitos, pasillos y oficinas. El elevador no servía. “¿Por qué esperaba que funcionara?” se preguntó. Llegó al siguiente piso y escuchó voces. Se acercó lentamente y sin hacer ruido.

–Juro que no sé nada más… es todo –escuchó a una voz con tono de súplica. Flink siguió acercándose hasta refugiarse detrás de un poste, se asomó y vio a un militar con aspecto rudo frente a un tipo amarrado a una silla. Otros dos sujetos con uniforme estaban junto a una pared en sillas, admirando el espectáculo. Se escabulló y siguió escuchando.

–¿Y qué me dices de los demás escuadrones? ¿No enviarán más escuadrones?

–No lo sé, no había escuadrones de respaldo cuando nos enviaron.

–¿Cuál es el nombre de tu superior?

–No nos dicen el nombre del sup…

La frase fue interrumpida por un grito ensordecedor por parte del interrogado.

Flink sintió miedo de estar allí, sacó su grabadora y dejó que la cinta se empezara a llenar con los sonidos. La colocó en el suelo y retrocedió un poco para acomodarse más cerca de las escaleras.

–Dime… Renu… ¿Renu es tu nombre?

–No…

–Ahora lo es. Dime Renu… ¿cuántas uñas quieres perder así antes de aprender que no tienes que mentirme si quieres seguir con vida?

–Pero no estoy mintiendo –exclamó con voz dolorosa– no nos dicen los nombres de…

–Cállate­ –gritó el militar. Sonidos de golpes llegaron hasta los oídos de Flink– pásame la batería –dijo. Luego unos pasos resonaron en la habitación junto con la respiración agitada que, supuso, era del interrogado. Los pasos se detuvieron y algo pesado fue colocado en el suelo. Lugo los pasos otra vez–. Ésta… es… bueno, es una batería, como ya escuchaste, y estos son cables para pasar corriente… Tú sabes, de esos que se usan en los coches, es muy simple, vamos a ponértelos… en alguna parte divertida… El rojo… veamos… en tu boca.

–No porfavor yo… no

–Abre grande, no me obligues a ayudarte…

–Yo sólo…

–Como gustes…

Sonidos de pasos acercándose y Renu luchando para que no le introdujeran la pinza en la boca. Un escalofrío recorrió a Flink.

–Y ahora… un poco de cinta para que no se te ocurra quitártelo –la cinta despegándose del rollo y Renu tratando de gritar. Terminaron y los pasos se alejaron nuevamente–. Y vamos con el cable negro… el negativo… ¿dónde te dolerá lo suficiente? ¿en la nariz? Nah… ¿En… un brazo? ¿Izquierdo o derecho? No… no dolería… Pero… tengo una idea de dónde sí dolería. –Otra vez el sonido de Renu forcejeando como podía para que no le pusieran la pinza, luego gritos muy agudos y luego llanto–. Ahora la batería… el negro en el negativo –Flink escuchó un click de las pinzas cerrándose e instantáneamente un grito desgarrador– y el rojo en el positivo –click. El grito duró por mucho tiempo. Flink decidió que no podría soportar mucho tiempo estando en una escena así, por lo que se acercó a la grabadora, pero entonces el grito cesó. Respiración agitada, pasos, la cinta siendo retirada, una pinza cayendo al suelo, la otra…

–¿Y cómo estás ahora? Espero que no planearas tener hijos porque con tanto voltaje allí… no sé si puedas…

–Malnacido

–Óyeme… no me insultes, ¿no estamos teniendo una conversación educada aquí? Ahora quiero que me digas el nombre de tu superior.

–Ya te dije que…

–Pásame ese cable otra vez ¿no?

–…no tenemos… ¡no nos dicen los nombres de…! Está bien, está bien.

–¿Perdón? ¿Qué dijiste?

Hólonim es el nombre del teniente. Es todo lo que sé, lo juro.

–Hólonim… Perfecto… Ustedes dos, sáquenle más, porque si Hólonim es quien está detrás de la rebelión interna, necesitaremos tenderle una trampa y asesinarlo ¿O no Renu?

Flink escuchó pasos acercándose, tomó la grabadora lo más rápido que pudo y se dio la vuelta. Y se encontró con el cañón de una .45 apuntándole en la frente.

El militar rudo llegó hasta allí.

–¿Pero qué tenemos aquí? –preguntó la voz del torturador.

–Al parecer este gusano estaba grabando la conversación, general.

–Con que grabando conversaciones ajenas… Eso es incluso peor que escucharlas solamente. –Luego tomo a Flink del hombro y le dio la vuelta para verlo de frente– no, no, no… mal hecho… ¿qué haremos contigo?

–Por favor no me mate –suplicó Flink.

–¡Traiganme a Renu! –gritó el general. Los otros dos no tardaron en traer al otro hombre, bañado en sangre pero con mirada vengativa–. Aparentemente tú sabes más que él ¿o no?

–No, yo sólo estaba buscando comida y me encontré…

–Yo creo que es un espía –espetó el hombre que lo amenazaba con la pistola.

–¡No!, yo soy sólo…

–¡Silencio! –gritó el general al tiempo que le acertó un puñetazo en pleno rostro– ahora tu camarada morirá por eso– Flink sintió una mano tomando su barbilla y jalándola, abrió los ojos y vio al general apuntándole con una pistola a Renu en la frente. Renu sonreía satisfecho.

Ese momento hizo que todo se detuviera. ¿Por qué está sonriendo si está a punto de morir? Se preguntó Flink. ¿Habrá engañado al general? ¿Habrá mentido? ¿Estará sonriendo porque su martirio terminará?

El general jaló el gatillo esparciendo los cesos de Renu por el pasillo.

–Llévenlo a la silla, quiero platicar con él.

23 de junio de 2009

Negro Afán

En vista del enorme éxito que el texto anterior fue, en vista de lo muy comentado que resultó y de lo enormemente maravillosas que fueron las sugerencias, les traigo un ligero poema del que seguramente se desentenderán.

Negro Afán

Vida como túnel oscuro.
Miedo por los poros y sudor.
Y la oscuridad trepando por mis piernas
como las arañas.

Pronto las alas tan suaves.
Dormitar entre la luz.
Y el negro trepando por mis brazos
hasta mi corazón.

Llanto hemorrágico interior.
A saber que sólo queda esto.
Y las estrellas evanescentes
acercándose.

Hasta el cielo subir.
Aferrarme a sus alas.
Y arrancárselas para caer
en lluvia.

Llanto frío alrededor.
A saber que no queda nada.
Y las estrellas evanescentes
esfumándose.

Vida cuan túnel oscuro.
Aquí en la cama sólo silencio.
Y la inconciencia llevándome a sueños
como un suicidio.

...