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Memoriasencadenadas

27 de enero de 2009

Más Humano

Nuevo texto traido a ustedes después de toparme con que tenía que hacer un trabajo para la clase de comunicación. Disfrútenlo, a pesar de que creo que tiene bastantes errorcitos que, sinceramente, me da un poco de flojera correjir. Por favor hagan caso omiso del error de HTML con/en/junto a/por la imagen. ¿Debería ponerle la reflexión original al texto?



s Humano

Caminaba por un bosque. Escuchaba a lo lejos los ríos correr y las cascadas chapotear. No se sentía solo, sabía que el espíritu del bosque le seguía. Animales corrían cerca de él, sin asustarse del intruso. Sus pies hacían un chicloso ruido al pisar el musgo húmedo. Los rayos del sol, quien intentaba incansablemente compartir su luz, se filtraban entre las majestuosas ramas de los gigantescos árboles que, al pasar, le ofrecían extravagantes frutos silvestres. Sonreía extasiado.

Un tipo le empujó ligeramente el hombro y él abrió los ojos. Su imaginación quedó guardada dentro de su mente y sus sentidos le transportaron de vuelta al centro de la ciudad.

Respiró el smog del tráfico amontonándose frente a él. Los grandes edificios le aprisionaban con premura y la algarabía rodeándole le sofocaba. Ya estaba acostumbrado, pues desde siempre había vivido en esa misma metrópoli, pero en ese instante en el que Sebastián se detuvo a pensar, parado en esa esquina, sintió que la ciudad era un monstruo. Una abominación creada y criada por una más grande aún: el hombre.

Se sacudió la misantropía de la cabeza y alzó la mano pidiendo la parada del autobús.

Estaba muy alejado de su casa, pues se había visto obligado a acudir al centro histórico de la ciudad para llevar a cabo un trabajo en equipo que el maestro de individuo y sociedad les había pedido para la clase. Claro que esa era sólo la mitad de su excusa, pues se había quedado allí con sus amigos para conocer y disfrutar un poco más del centro, y cuando las ocho hicieron pitar el reloj de su muñeca, Sebastián notó que ya la cuidad estaba siendo sumida en las sombras de la noche y que, si no se apuraba, llegaría a su casa más allá de la hora permitida por sus padres.

El camión paró ante él y saltó los tres escaloncitos del camión para subir, pagó y buscó un lugar para sentarse con la mirada. Dos chicos de una edad aproximada a la suya iban hasta atrás escuchando música con un celular, recordó que había dejado el suyo cargándose en su casa desde que el sol le despertó. Una mujer embarazada estaba sentada detrás del conductor. Sebastián se preguntó por qué el camión estaba tan vacío siendo una hora en la que normalmente la gente llena los camiones a desbordar, buscando regresar a sus hogares.

Se sentó cerca del frente junto a la ventanilla y miró hacia la calle con la mirada perdida. Se percató de que el reflejo de su propio rostro le miraba desde el vidrio, se recorrió un poco para ver el fenómeno y notó que nada estaba mal.

-Debió haber sido mi imaginación- se dijo sin prestarle importancia.

Pasó lo que, él pensó, sería una hora. Pocas personas subieron al camión y las mismas que subían bajaban al poco rato. Su mirada iba, perdida, de la ventana al número de serie del camión y de regreso pasando por la extravagante luz de neón que alguien le había colocado a la ruta del transporte.

Un hombre joven subió al camión, tenía la barba mal rasurada y ojeras muy grandes, portaba un traje que le quedaba grande y una corbata ridícula que no tenía nudo hecho. Era delgado y su postura le pareció graciosa a Sebastián.

El hombre le dirigió una mirada penetrante y amenazadora a Sebastián cuando este rió en voz baja del aspecto del hombre. Luego se sentó unos asientos detrás de él.

Repentinamente un suspiro le llamó la atención. Giró la cabeza, para encontrar que había sido eso. Vio a la mujer embarazada respirando agitadamente y tomándose la agrandada barriga con una mano. Se dio la vuelta y la ignoró.

-¿Está bien?- escuchó Sebastián desde atrás.

-Sí- contestó la mujer desde su asiento.

-Se oye agitada.

-Es que me duele.

-¿Cuántos meses tiene?- Sebastián se volteó por la curiosidad y vio que el hombre de traje era quien preguntaba. La mujer estaba ya sonrojada del dolor.

-Siete… creo que siete.

-Debería ver a un médico o algo…

La mujer soltó un grito ahogado y las lágrimas comenzaron a salir de sus ojos. Uno de los dos muchachos sentados en el fondo oprimió el botón para bajar y el autobús se detuvo. Ambos bajaron. Luego el chofer volvió a acelerar. Sebastián volvió a mirar a la mujer y vio un hilo de sangre cayendo desde su asiento.

-Está sangrando- dijo Sebastián temeroso.

-Dios mío- exclamó el hombre de traje y se acercó velozmente a la mujer. –Debe ir a un hospital. ¡Oiga! Esta mujer necesita ir a un hospital.

La voz rasposa del chofer resonó en el camión entonces –¿Y?

-Tiene que llevarla a un hospital, usted está manejando.

-No me puedo salir de la ruta.

-Esta mujer está…

-¡Por favor!- Suplicó la mujer.

-No la voy a llevar a ningún hospital, me pueden correr.- Sentenció el conductor con un dejo de nerviosismo.

-Va a perder al bebé- soltó Sebastián acercándose a la mujer.

-Si quieren llevarla a un hospital entonces bájense y agarren un taxi.

-Pues entonces párese para que nos podamos bajar.- ordenó furioso Sebastián ante la actitud del conductor. Luego se dirigió a la mujer -¿Puede caminar?

-Sí, creo que sí.- dijo la mujer agradecida. El camión se orilló y empezó a detenerse.

-Agárrese de mi hombro…- Pidió el otro hombre.

La ciudad había entrado ya en el trance de la noche, pero no era lo suficientemente tarde, así que en cualquier momento tendría que pasar un carro que podrían proporcionar ayuda en la estrecha calle en la que el bus los dejó. La sangre escurría por la pierna de la mujer mientras caminaban lentamente.

Sebastián miró a su alrededor percatándose de que no tenía la más mínima idea de dónde se encontraban.

El hombre corrió repentinamente hacia la calle y paró un coche, se acercó a la ventanilla para pedir ayuda. Sebastián miró la expresión de dolor en el rostro de la mujer a la que estaba ayudando. Ella sudaba y se le escapaban las lágrimas, quizá por el dolor, quizá por saber que podría perder a su hijo. El auto aceleró y dejó al hombre parado en medio de la calle.

Sebastián sintió entonces el peso de la responsabilidad sobre sus hombros. Estaba perdido, de noche, con dos desconocidos, cansado después de haber caminado por el centro, sus padres seguramente le estarían esperando, no sabía cómo iba a llegar a su casa o si lograrían ayudar a esa mujer, pero de lo que estaba seguro era que debía intentarlo.

El hombre regresó y calmó a la mujer, que ya empezaba a desesperarse por encontrar ayuda. Sus palabras calmaron rápido a la mujer, pero Sebastián podía escuchar que el hombre del traje extraño también tenía miedo.

Otro carro pasó, a toda velocidad y no pudieron detenerlo. Sebastián no sabía que podía hacer para ayudar, o si estaba haciendo algo útil. Entonces una idea pasó por su mente.

-¿Tiene celular?- preguntó pensando que el hombre de traje, por su aspecto, debería tener uno. –Podemos hablarle a una ambulancia.

-No

Se desilusionó al saber que su idea había sido en vano y se arrepintió de haber dejado su celular en su hogar. “Quizá si lo hubiera apagado, la poca pila que le quedaba hubiera alcanzado para una llamada” pensó. Miró a la calle y vio un coche acercándose. Esta vez fue él quien corrió hacia la calle a pedir ayuda.

-¡Pero qué te sucede muchachito tonto, te van a matar!- le gritó una señora que conducía el coche. Un hombre, en el asiento del conductor lo miró reprobatoriamente. Sebastián se acercó a la ventanilla.

-Señora, es una emergencia. Esa mujer está embarazada y puede abortar, por favor, no tenemos un celular, ayúdenos a llevarla a un hospital.

-¿Qué dice el chamaco?- preguntó el copiloto a su mujer.

-Que la señora ‘ta sangrando.- le dijo al hombre a su lado -¿Es tu mamá?- Preguntó la conductora.

-No… no se quién es- vaciló encogiéndose de hombros. La señora le miró un momento a los ojos. Sebastián vio a un niño de unos seis años en el asiento trasero con un juego de video portátil entre las manos. En su mente le suplicó a la señora tener un poco de bondad y ayudarles.

-‘Ta bueno pues. Súbanse.

Sebastián sonrió y corrió para avisarles, luego le ayudó a la mujer a subir al auto. No cabían Sebastián y el hombre del traje raro en el auto junto con la demás gente, así que Sebastián dejó que el otro hombre los acompañara. “Él es más fuerte, seguramente tiene algo de dinero y será más útil que yo” pensó Sebastián quedándose fuera del auto.

-¿Cómo te llamas?- preguntó la mujer sangrando dentro del carro antes de que este último comenzara a moverse.

-Sebastián.

-Muchas gracias- exclamó la mujer. Instantáneamente el carro aceleró. Sebastián lo miró hasta que se dio vuelta en una esquina. Luego se miró a si mismo. Tenía el pantalón manchado con sangre y estaba muy sudado. No sabía donde estaba ni cómo saldría de allí. No tenía dinero. Estaba solo y en terrenos desconocidos. Pero supo, desde ese momento, que cuando creciera sería como ese hombre desconocido y chistoso al que vio en un camión y se rió de el, pero que tenía un buen corazón que ayudó a una total desconocida, sin saber siquiera su nombre, a salvar su vida y la de su hijo.

Empezó a caminar en contra del sentido de los coches esperando encontrar un taxi o un sitio de taxis para ir a su casa y, una vez allí, que sus padres le dieran dinero para pagarle al taxista.

Su vida había cambiado. Era más humano que unas horas antes.

4 Comentarios/Memorias:

Soiral dijo...

Porfin soy el primer comentario en una entrada reciente XD
Bueno respecto a la imagen, es buena me agrada el efecto de las luces...
Y con respecto al texto... es bueno me agrada, me hizo sentirlo tan realista hasta pude sentir la agitación de la mujer, y la bueno cmo desesperación de Sebastián de saber si estaba haciendo algo util o no. La conclusión es muy clara y supongo eso hace que lo tomes más en cuenta.
¿Que tan verídica es está historia? ...
Bueno me retiro. :P
Sigue escribiendo =) te quiero!

Anónimo dijo...

Es un relato bastante... simple. No sé, no es como las entradas que sueles publicar, aun asi es una bien redactada historia.

Shaula

Michelle dijo...

me gusta y ella tiene razon...es cierto q no es como las entradas q sueles publicar
pero aun asi es genial
porcierto...keria agradecerte...

gracias vacha
me voy
suerte
adios

RottenMilk dijo...

A puesto a que la hiciste facil a proposito!!

Es decir, cuando en la vida YO entiendo algo que escribes!?!? Pues muy pocas veces y lo entendi y lo entendi muy bien!!


Tu escrito es muy bueno, como todo lo que haces, y me gusto.

Esperaba mas al final, y se que la señora le pondra Esteban a su hijo, y si no es niño le pondra como... parecido a eso.

Ya te escucho diciendo "no, de hecho no alcanzaron a llegar al hospital y el bebe murio junto con la mama"

Pero no me importa ¬¬


Bueno ya me voy.


Plus: Lee mi blog!!!

Plus2: Bonne nuit.